
Arrugas faciales
La apariencia de las arrugas faciales puede mejorar con la aplicación de neuromoduladores, este procedimiento se ha convertido en un tratamiento cada vez más popular en el ámbito médico. Sus propiedades permiten la paralización parcial o total de ciertos músculos o tejidos, lo que la hace efectiva tanto para fines estéticos como terapéuticos.
Su aplicación se realiza mediante un número variable de inyecciones en función de la superficie que deseemos manejar. Éstas se aplican a nivel de las arrugas, buscando alcanzar levemente los vientres musculares para poder así paralizarlos en mayor o menor medida.
Su método de acción se basa en su capacidad de interferir en el envío de señales entre el nervio y el músculo. Es decir, cuando nuestro cerebro envía a un músculo la orden de contraerse, esta orden viaja en forma de corriente eléctrica a lo largo de una concatenación de nervios hasta llegar al terminal nervioso en contacto con el músculo correspondiente.
En ese punto, el terminal nervioso produce una liberación de neurotransmisores. Éstos son captados por unos receptores localizados en las membranas musculares, tras lo cual comienza la contracción normal del músculo. Es aquí donde la toxina actúa como barrera o tapón, impidiendo que se unan a él y evitando así la contracción del mismo.
La parálisis muscular derivada de este proceso, causa, desde el punto de vista estético, la desaparición de las arrugas de expresión. En casos más extremos, esta parálisis modulada, transitoria y buscada se puede emplear también en problemas de contracción muscular excesiva.
La duración de este tratamiento es de unos 6 meses, el tiempo que tarda el organismo en metabolizar la toxina y eliminarla, permitiendo de nuevo la contracción con normalidad.